La Conquista del Annapurna

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A más de ocho mil metros de altitud nuestro cuerpo no es el mismo, el poco oxígeno que llega a nuestro cerebro nos hace tener alucinaciones, el cuerpo se desgasta de manera progresiva y rápidamente, aunque paremos a descansar no lo logramos, estamos a punto del colapso.

Cordillera del Himalaya desde un avión

Cordillera del Himalaya

Pero el sufrimiento empieza a partir de de los 7500 m.s.n.m. Lo que se denomina la zona de la muerte. De aquí en adelante nuestro cuerpo ya no se puede adaptar, aclimatar. Tenemos tan poco oxígeno que para poder dar un paso debemos respirar entre 10 y 15 veces. Este esfuerzo excesivo hace que nuestros tejidos internos se rompan, especialmente el de los pulmones y el cerebro, lo que se denomina edema pulmonar o cerebral, las principales causas de muerte de los montañistas de gran altura.

Cuenca del gandaki

Cuenca del río Gandaki. Entre el Dhaulagiri y el Annapurna

Y con este panorama tan desolador ¿cómo es posible que haya alguien que quiera hacerlo? ¿Por qué aventurarse a un viaje tan exigente? Uno de los primeros montañistas, el inglés George Mallory lo sintetizó de la mejor manera al ser preguntado del ¿por qué escalar montañas? Él simplemente dijo: “Porque están ahí”. Mallory, pionero del montañismo y de quien todavía se esconde el misterio de ser el primer hombre en llegar al Everest en 1924, un misterio que seguramente nunca lo sabremos, pero de esto hablaremos en otro articulo.

Macizo del annapurna

Amanecer sobre el macizo del Annapurna

La expedición francesa

Viajamos a 1950, a otro punto del Himalaya, cerca de la ciudad de Pokhara, dominando el macizo que lleva su nombre, el Annapurna I (8091 m.s.n.m.) se alza sobre sus cinco hermanos de tan solo 7 mil metros y que no hacen parte de tan selecto club de los 14 ocho miles.

La segunda guerra mundial había terminado, la moral europea en los suelos se recuperaba paso a paso, un nacionalismo contenido brillaba en los ojos de la gente, esperanzados por un mejor futuro. Es así como diferentes países empiezan su particular cruzada por conquistar los picos del Himalaya, un intento de orgullo patrio, de colonialismo rancio, de ajustar cuentas. Los franceses envían a un selecto grupo de montañistas lo mejor de lo mejor la crème de la crème. Maurice Herzog, a la cabeza, seguido por Gaston Rébuffat, Louis Lachenal y Lionel Terray, entre otros. Su objetivo ser los primeros en conquistar un ocho mil. Como la expedición británica de 1924 no tuvo pruebas de la victoria de Mallory e Irvine en su intento por llegar al Everest y con la desaparición del también inglés Alfred Mummery intentando el Nanga Parbat en 1895, oficialmente se consideraba que nadie había sido capaz de conquistar la morada de los dioses.

Dhaulagiri

Dhaulagiri. 8.167 m.s.n.m.

La expedición francesa se dirige al Dhaulagiri, un coloso de 8167 m.s.n.m. Pero las condiciones lo hacen inexpugnable, con el sabor de la derrota y con la necesidad de regresar a casa con una victoria deciden ir por el Annapurna. Escogen ascender por la vertiente norte, solo unos diestros escaladores como ellos podrían acometer tan exigente empresa. La necesidad de poner la bandera francesa en lo más alto hace que estos hombres se exigan al máximo. El asalto a la cumbre lleva consigo responsabilidad y cordura, factores determinantes para el triunfo, Herzog obstinado por alcanzarla pese a las malas condiciones, ordena continuar. Luego de una disputa entre Herzog y Lachenal, donde este último, considerado uno de los mejores guías de montaña de la historia, quería retirarse por prudencia. Lionel Terray y Gaston Rébuffat renunciar a hacer cumbre, esperan en el último campamento aguardando a sus compañeros y preparados en caso de ser necesario.

Herzog y Lachenal arriesgándolo todo hacen cumbre. Mas tarde Lachenal diría: “Pensé que si continuaba él solo, no regresaría. Por este motivo no me di la vuelta. Esa marcha hacia la cima no era un asunto de prestigio nacional, era un asunto de cordada”.

Annpurna y Annapurna sur

Annapurna I 8.091 m.s.n.m y el Annapurna Sur 7. 219 m.s.n.m

El regreso

Conquistar una montaña no es solo llegar a su cima, es volver a casa. El descenso fue un infierno, los cuatro montañistas huyen a rastras bajan en condiciones terribles, Herzog y Lachenal con graves congelaciones en sus manos y pies son rescatados por Terray y Rébuffat que durante el descenso quedan prácticamente ciegos. Y como si la diosa Annapurna quisiera castigar tal atrevimiento, aquellos conquistadores de lo inútil pagarían su osadía. Herzog perdió todo los dedos de sus manos y de los pies Lachenal los dedos de los pies.

El regreso a Francia, fue glorioso, lo habían logrado. El primer ocho mil había sido conquistado por los franceses. Una inyección al montañismo que en los próximos catorce años ascendería a todos los ocho miles. Pero casi seis décadas después esta expedición no esta exenta de polémicas, desde el planteamiento, la decisión de abandonar el Dhaulagiri y hacer el Annapurna, la manera de ascender la montaña, por dónde, los continuos enfrentamientos entre ellos y hasta las pocas pruebas que si en verdad llegaron a la cumbre, un posible pacto de silencio entre Herzog y Lachenal.

“La montaña quizá no sea más que un ingrato desierto de roca y hielo, sin otro valor que el que nosotros queramos otorgarle. Pero, sobre esta materia siempre virgen, por la fuerza creadora del espíritu cada uno puede a su gusto moldear la imagen del ideal que persigue”.

Lionel Terray

Lugar: Annapurna, Nepal

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